Juan Manuel Parada
Escritor y editor, al frente del proyecto con sello larense, Ediciones Parada Creativa, habla de este esfuerzo de año y medio cuyo logro se traduce en 15 títulos y dos colecciones: Libro súbito y Página en blanco.
Del escritor al editor hay un trecho, pero también múltiples cercanías. La palabra acontece en el primero desde la soledad y la paciencia del acto de escribir. ¿Egoísmo? Mejor hablar de despojo y silencio. Es íntimo ese momento de la página en blanco.
En el caso del editor-escritor la visión es compartida. Su oficio es un arte porque sabe reconocer el valor del verbo transitado de tiempo y dedicación. Es notable su tarea: ser el otro y cuidar con idéntico esmero (como si de su palabra se tratara), la labor de quien deja en el texto un poco de su alma.
En Juan Manuel Parada convive esta gozosa realidad. Es escritor-editor. Incluso, otra dualidad lo acompaña: su tierra primera es Yaracuy pero es en Lara donde cobra vida y esencia su proyecto Ediciones Parada Creativa (www.paradacreativa.com).
No hay falsa modestia: en apenas año y medio de este proyecto que germina entre las oficinas de la avenida Vargas y los talleres de impresión, 15 títulos han salido a la calle. Incluso, en la reciente Feria Internacional del Libro de Venezuela, se situó entre las editoriales con mayor cantidad de libros vendidos.
“Desde que tengo conciencia del lenguaje, siempre he estado seducido por las palabras”, dice en tono de confesión.
Su primer libro de relatos, Quemando a Venezuela (ganador del Certamen Mayor de las Artes y las Letras, Caracas, 2004), le abrió el camino a otras inquietudes. Después se sumaron El rastro del general y otra docena de cuentos, y Caminos del cuento o contar de súbito.
Dirigió con Marco Gentile la revista de arte YO ediciones, además de estudiar publicidad y cursar en Madrid estudios de narrativa breve, periodismo cultural y guion cinematográfico hasta llegar ahora, a este proyecto compartido con un equipo de entusiastas, para quienes cada libro es una obra.
El cambio del lector
La tarea de sacar un libro a la calle no es fácil y supone un riesgo. La distribución es la piedra en el zapato, confirma Parada, “cuando la vocación es profunda y hay ganas, se maneja la dificultad”.
Nuestro lector ha cambiado. El siglo XXI está caracterizado por la dinámica de las tecnologías, lo cual obliga a modificar las perspectivas de las políticas editoriales. A internet lo observa como un aliado en la fascinante tarea de propagar el conocimiento literario y acercar a los lectores del mundo a realidades como la poesía y la narrativa con sello nacional.
“Se está leyendo y, lo más importante, es que nos estamos leyendo. Hay una mirada hacia nosotros mismos. Hemos llegado tarde pero llegamos”.
Nuestros autores, reflexiona, fueron vapuleados cuando intentaron usar un lenguaje propio. “Ahora eso está cambiando: hay un reconocimiento de nuestras tradiciones después de haber pasado un largo periodo de negación”.
En el tema de la literatura infantil, reflexiona, también estuvimos apegados a la mirada eurocéntrica, pero en este momento existe una aceptación de nuestra propia literatura. Sin embargo, no deja de provocarle un cierto grado de inconformidad que países pequeños como Nicaragua y Perú han logrado promover en el exterior a sus autores. “¿Qué nos falta para lograr la proyección de un Blanca Fombona, de Juan Sánchez Peláez o Adriano González León?”, se pregunta.
—¿Será un pecado de modestia?
—Hay aspectos distintos: desde la mezquindad hasta el empeño académico por imponer a los mismos autores.
—En algunos casos fueron adelantados de su tiempo, incomprendidos para el lector.
—Sí, es el caso de José Antonio Ramos Sucre, un adelantado del microcuento, de la poesía argumental y el lenguaje de vanguardia, cuya obra es estudiada en la Cátedra Ramos Sucre de la Universidad de Salamanca.
—Valdría reflexionar si acaso ocurrió que nuestros autores se sintieron siempre cómodos en nuestras fronteras…
—Somos muy de casa y a lo mejor eso ha influido. No hay una cultura del exilio como en Argentina, México y Nicaragua, lo cual pudiera ser válido como punto de reflexión. Sin embargo, desde el punto de vista editorial, sí hay un eslabón perdido. “Es imposible explicar por qué esos grandes autores no tienen su puesto en el escenario de la literatura internacional”. En todo caso, nunca es tarde para recuperar el tiempo perdido.
Juan Manuel Parada hace lo suyo y, de este modo, con Ediciones Parada Creativa, se inserta en la dinámica lectora nacional, en la cual convergen propuestas editoriales públicas como la de Monte Ávila y El perro y la rana, hasta la amplia lista de privadas en la búsqueda de ese lector exigente e incesante. Dos colecciones dan cuenta de su espíritu innovador: Página en blanco y Libro súbito.
De la Página en blanco
La colección Página en blanco está compuesta por varios manuales orientados al oficio de escribir. “No tiene precedentes. Son libros con módulos y ejercicios. Este proyecto nace de mi más grande búsqueda: la Escuela Literaria del Sur”.
En escuelaliterariadelsur.net está todo dicho: “Es un espacio de aprendizaje colaborativo donde la premisa es comprometerse con el aprendizaje individual y el del grupo al cual pertenecemos, a través de las opiniones constructivas y el debate honesto”.
Todo comenzó cuando Parada montó en su blog un taller de narrativa. El entusiasmo fue inmediato. En apenas un día ya 80 alumnos tocaban las puertas del aula virtual. Dannybal Reyes, Jorge Sánchez y Rafael Avendaño también están integrados a este espacio de escritura creativa, “con una mirada propia”.
En la actualidad ya son más de dos mil alumnos de diferentes partes de América Latina y España, insertos en talleres didácticos para aprender a domesticar la palabra. Pero de la web a la materialidad significante del libro existía un trecho necesario de recorrer. De esta manera nacen los cuatro primeros libros de la Colección Página en Blanco: El arte de novelar (notas como escribir una novela), de Rafael Avendaño Torres; Querer escribir, poder escribir, de Javier Chiabrondo; Caminos del cuento o contar de súbito, de Juan Manuel Parada y La palabra de mi cabeza (figuras literarias) de Arístides Valdés Guillermo.
“La página en blanco se nos presenta como una frontera entre la imaginación, el universo de las ideas y el abismo de la realidad concreta. Frente a la página en blanco el autor se hace imagen de sí mismo, como si se plantara ante un espejo, y en un proceso iniciático y personalísimo sólo tiene dos opciones: o cruzar el espejo o hacer el camino de vuelta”. Estos textos son un homenaje a esa “experiencia-borde”. Con nuevos títulos iniciará el 2012: El oficio del cronista de Román Chalbaud; El arte de redactar bien y con estilo de Rafael Avendaño y ¿Cuál Disney? Escribir para niños y jóvenes, de Liliana Peraza.
—¿Es posible un recetario para aprender a escribir?
—Es posible articular los saberes necesarios para lograr el acto de escribir. Ahora, la creación del gran novelista o cuentista, se asocia con elementos como la disciplina del oficio.
Del libro súbito
“Para leer de un tirón, para el bus, para el postre, para velar, lectura para llevar…” es la clara y publicitaria presentación de la Colección Libro súbito (cuento breve contemporáneo).
—¿Lectura para llevar? ¿Algo así como comida para llevar?
—Exacto. Son complejos que debemos vencer y como escritores quitarnos un cliché con la majestad de la escritura.
El problema de los venezolanos es que nos hemos tomado la literatura muy en serio. Puede existir un cuestionamiento desde el humor a la lectura efímera de un microcuento. Es preciso bajar ese lenguaje del pedestal; el mismo Cervantes se atrevió y logró fundar la modernidad de la novela”.
Parada creativa persigue con esta colección lograr, exactamente, que un libro sea tan apetecible como la comida rápida.
Ahora bien, los autores son de primera línea: Gabriel Jiménez Emán, Rafael Avendaño, Rubén Sánchez, José Acosta, Román Chalbaud, Juan Manuel Parada y Gilberto Agüero Gómez. Son siete libros, uno para cada día de la semana.
En su presentación, Libro súbito se da las respuestas: “Es un homenaje a la brevedad; ofrenda al lector moderno que aspira a historias de rápida lectura y larga presencia. Los relatos compilados en esta colección son la mirada fugaz que no deja de asombrarse; son, en definitiva, un corto puente a la imaginación”. La brevedad, observa, es un elemento de la modernidad y, si no somos breves, nos quedamos afuera.
La biblioteca Gilberto Agüero Gómez
Quince títulos en año y medio son una virtud y la puerta abierta a nuevas tareas. Entre otras de Ediciones Parada Creativa, crear la Biblioteca Gilberto Agüero Gómez en homenaje al dramaturgo, pintor y guionista barquisimetano (1940).
El otro proyecto, Las memorias de Román Chalbaud, será una serie de cuatro tomos, escrita por el propio autor venezolano, Premio Nacional de Teatro y Premio Nacional de Cine, una de nuestras voces más representativas.
Suma una serie de antologías, de próxima circulación en las librerías: Antología sin fin. Novísimo cuento venezolano; Antología del cuento dominicano y Antología de la poesía venezolana.
Barquisimeto es un referente
“Del barquisimetano se afirma que es el más exigente espectador de fútbol, béisbol y de conciertos. La ciudad es un referente y trae consigo un sello de garantía. Tenemos la tradición de autores como Rafael Cadenas, Salvador y Julio Garmendia”, explica Juan Manuel Parada al explicar el respeto que genera el hecho de llegar a territorios como Caracas y expresar: “Somos una editorial larense”.
—¿Cuál es el perfil del lector barquisimetano?
—Estamos unificados por las mismas angustias y realidades. Somos Caribe y una mezcla hermosa que nos da carácter cosmopolita. Es un lector que se deja convocar.


2 Comentarios
Dayana López
Hermoso es indescriptible lo que transmite en cada párrafo .. simplemente maravilloso Bravo Juan
Dayana López
Espectacular