“¡Todo, todo, todito… a mitad de precio” !, decía el cartel sobre la vitrina, y las compradoras se alinearon una tras otras, formando una cola que creció con rapidez. Desde afuera se veía como mermaban las mercancías, y las mujeres les sudaban las manos, como destilando el más inquietante de los deseos.
Cuando Nancy vio que hasta los muebles de exhibición estaban siendo desvalijados por mujeres más compulsivas que ellas, rompió el orden de la fila y se abalanzó tienda adentro, dispuesta a llevarse lo que fuera, con tal de aprovechar la rebaja. Y estalló la turba: algunas entraron por la puerta principal, avanzando incluso sobre aquellas que caían; otras se lanzaron contra la vitrina. Al salir, no llevaban bolsas ni paquetes, sino manos, mechones de cabello, una que otra nalga y hasta dentaduras. Se dice que eran de los maniquíes, pero Nancy le brillaban gotas de sangre en las comisuras.

2 Comentarios
Dixson Acacio
Muy buena lectura,a pesar de que es corta es buena la literatura.
Dayana López
Quiero más !!! 😍😍😍